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Vecindades reales

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Las tierras vecinas al volcán Cosiguina conocidas como Santa Rita del Alvaradillo y Santa Rita de Tonalá, son equivalentes a 37 caballerías que registra el titulo real entregado por el Rey Fernando VII a los descendientes de la Comunidad Indígena de El Viejo, otorgadas entre los años de 1813 y 1820.

Una caballería de España es equivalente a 56. 78591709 manzanas de terreno. En esa época se entregaban a las colonias en América, para motivar a los indios que regresaran a los campos de origen al mantenerse huyendo en las montañas sin producir la tierra tras desacatar a la Ley de Milpas, que les obligaban a entregar toda la cosecha a las autoridades y se exponían al incumplimiento bajo amenazas de castigos.

Para 1924 hubo una la conocida Junta Gubernativa de El Viejo (9 de agosto de 1824 – 27 de diciembre de 1824), que estuvo presidida por Juan Bautista Salazar y Juan José Salas 17​ militar peruano nombrado Comandante de Armas para el sitio de León.

La Junta Gubernativa de El Viejo en su lucha contra la Junta Gubernativa de León, decidió aliarse con la Junta Gubernativa de Managua, y combinando sus fuerzas atacaron la ciudad de León, logrando que la Junta Gubernativa de Managua quedara gobernando la Provincia de Nicaragua, hasta la llegada de Manuel José Arce, quien gobernó brevemente la Provincia de Nicaragua, en 1825, como Comisionado del Gobierno Centroamericano de la República Federal de Centro América (1824-1839).

SAQUEO DE LAS TIERRAS

Con tanta historia viejana de estos tiempos remotos, nos adelantamos más de un siglo después y nos ubicamos a mediados del siglo pasado, muchos de mi edad ya lo podrán recordar, la famosa bajada de Nahualapa, trocha y pegadero de carretas y tractores para poder acercarse a Jiquilillo.

Otra de las bajadas era Petacaltepe, por el Rio Viejo para entonces llegar a la costa de Aserradores, caminos rústicos hacia Aposentillo y apreciar la Peña del Tigre al bajar la marea.

La breve bajada de Kilaka hacia El Congo y el Cerro del Padre, frente al hoy balneario, del que es conocida la leyenda del Padre Ramos. Para llegar hasta el Cerro del Padre, estaban disponibles en aquellos momentos los cayucos o botes de remos.

Una de los más vistosos panoramas  era observar la zona abundante de hicacos negros, blancos y el rosado natural para degustarlos del propio árbol y en miel, en almíbar.

En Puerto Arturo era una maravilla observar como si adoquinada la costa de la concha conocida como el casco de burro, enormes como la palma extendida de la mano, todas se las llevaron y consumieron los salvadoreños, así como acabaron con el ajalin, el de caparazón azulado que surgía en grandes cantidades con las primeras lluvias de invierno y que preparaban en suculentas sopas.

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