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Rubén Darío, siete días de cortejo y un vagón de flores.

El último traje que lucía Rubén en su féretro y en la catedral de León, fue una túnica griega.


Con la partida del Poeta Universal, Rubén Darío fueron siete días de cortejo fúnebre y el ferrocarril descargó un vagón de flores procedente de Masaya.
Darío figura célebre nacida en este suelo, que sorprendió con su genialidad a edad temprana y en su partida deja una estela de luz que brilla en la actualidad con la misma intensidad. Los funerales se desarrollaron bajo un ambiente de pesadumbre y dolor en el que predominaba el foco de atención internacional.
Por esos días se presentaron decenas de personas, intelectuales, autoridades, diplomáticos y funcionarios para expresar su dolor y admiración a la vez, por la obra del insigne ciudadano. Al bardo se le identifica como la máxima aspiración humana en ese siglo.
Los funerales fueron una jornada de 7 días. El cortejo es el funeral más grande registrado en Nicaragua, con un carro fúnebre que no puedo utilizado por ir en hombros de la ciudadanía que así lo demandaba.

La hora de su muerte

El último traje que lucía Rubén en su féretro y en la catedral de León, fue una túnica griega.
Hubo capilla ardiente en varios sitios, incluyendo la universidad de León. La hora de su partida está registrada a las 10:15 de la noche del 6 de febrero de 1916.
El reloj fue un obsequio de poeta modernista mexicano Amado Nervo, un reloj Ingersoll, según datos de Edmundo Montenegro Parrales en su obra Biografía Iconográfica de Rubén Darío.
Darío murió a los 49 años, una muerte prematura según han explicado y analizado intelectuales del mundo.

León doliente

Su sepultura ampliamente visitada por turistas nacionales y extranjeros en un lugar privilegiado en la catedral de León, precisamente a los pies de la columna de San Pablo, y adornada, con una escultura del León doliente, pieza esculpida por el artista granadino Jorge Navas Cordonero.
De acuerdo con el arquitecto, el mayor triunfo del poeta, fue el de renovar al castellano, considerado por muchos para entonces como lengua muerta.
Era el siglo XIX, en el que, de 20 autores, los 18 más destacados eran franceses.

Apasionado de las letras

Rubén Darío fue un autodidacta, que logró instruirse apasionadamente en las letras, alcanzando también dominar 5 idiomas.
De paso, alcanzó a renovar su lenguaje nativo, razón por la que de orgullo a sus coterráneos y es motivo de estudio en cualquier región donde se habla castellano.