Chinandega

Matrimonio chinandegano, víctimas del COVID-19

Don Carlos estuvo hospitalizado 9 días y doña María 12 días, su hijo no necesitó de hospitalización y logró superar la enfermedad.


Don Carlos Antonio Terán Terán de 80 años de edad y su esposa Doña María Teresa Montiel de Terán de 77 años de edad, un matrimonio de 51 años de casados, procrearon dos hijos.

Don Carlos y Doña María junto a sus dos hijos antes de la enfermedad.

Don Carlos Terán, agricultor retirado desde hace tres años, el 16 de junio presentó fiebre y gripe, de una manera sorprendente en menos de 5 días, se desmejoró, su saturación de oxigeno bajó, su esposa y uno de sus hijos quienes eran los encargados del cuido de él, se mostraron sumamente preocupados.

Fue atendido por un neumólogo y un internista que llegaban hasta su casa a realizar el chequeo, sin embargo la salud de don Carlos empeoraba, ya que también padecía de otras enfermedades crónicas.

El primero de julio, la salud de don Carlos se complica y el médico que lo atendía recomienda a la familia, que debe ser llevado a un centro hospitalario, por lo que fue llevado al Hospital General España, donde el mismo día de su ingreso fue intubado.

Doña María Montiel propietaria de una pulpería, no salía de su casa, hasta su hija Grace asumió cuidar el negocio para evitar que su madre se infectara, sin embargo el 26 de junio doña María y su hijo Raúl, amanecen con síntomas relacionados al COVID-19.

Doña María fue hospitalizada y ya estando ambos en la sala de COVID-19 del hospital General España, don Carlos Fallece el 9 de julio, y 9 días después, el 18 de julio su esposa también fallece.

Doña María Montiel de Terán devota católica, durante una celebración de la Purísima

Don Carlos estuvo hospitalizado 9 días y doña María 12 días, su hijo no necesito de hospitalización y logró superar la enfermedad.

El virus me arrebató a mis padres, nos relata con lagrimas en sus ojos su hija Grace Terán, pero lo más duro fue la espera que debíamos tener todos los días de sus hospitalización para saber de ellos, una llamada diaria era lo único que recibíamos con información de sus condición de salud, ese tiempo era una tortura, una angustia que no puedo describir.

Retirar el cuerpo de mis padres, algo tan horrible, un dolor nunca sentido, ese lugar de donde salieron espantoso del hospital, e inmediatamente irlos a sepultar.

Los Hijos de Don Carlos y Doña María visitando su tumba.

El dolor es indescriptibles, hemos quedado desorientados, la vida nos cambio al 200%, éramos 6, ahora solo somos 4, mi hermano Raúl Terán, mi cuñada Karla Díaz, mi sobrina Kayra Díaz Terán y yo Grace Terán, una familia unida, cerca de Dios, mis padres eran la alegría, ellos eran el motor de mi hermano y yo para luchar día a día.

Sentimos el dolor a diario, y ver como la gente anda desafiando la pandemia, este dolor que sentimos, no se lo deseamos a nadie, mis padres se cuidaban, y no sabemos como y en donde se contagiaron.

Don Carlos y doña María, fallecieron sin tener cerca a sus hijos, sin escuchar palabras de aliento.