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Los pocos sacerdotes y religiosos que quedan en Afganistán se preparan ya para salir del país

Se han visto escenas de personas escondidas en el tren de aterrizaje que han caído desde aviones que despegaban, mientras los helicópteros estadounidenses intentan despejar las pistas para que continúe una marcha que recuerda demasiado a la caída de Saigón en 1975.


La única parroquia católica en Afganistán se encuentra en la embajada italiana en Kabul, que ya ha sido evacuada. Fue establecida en 1921 y confiada en 1932 por el Papa Pío XI a los padres barnabitas, aunque el templo actual data de 1960. A él asisten un centenar de extranjeros miembros de la comunidad diplomática internacional, que en estos momentos, como miles de personas, buscan escapar del país desde el aeropuerto de la capital, convertido en un caos.

Se han visto escenas de personas escondidas en el tren de aterrizaje que han caído desde aviones que despegaban, mientras los helicópteros estadounidenses intentan despejar las pistas para que continúe una marcha que recuerda demasiado a la caída de Saigón en 1975.

Preparando el retorno

En ese escenario, los pocos cristianos afganos contemplan con pavor el retorno al poder de los talibanes. El refugiado afgano Ali Eshani ha contado el caso de una familia cuyo padre ya ha sido asesinado, y ahora su viuda y sus cinco hijos buscan escapar, “pero no tienen a nadie que les ayude”.

Del mismo modo, según informa Caritas Italiana, “los poquísimos sacerdotes, religiosos y religiosas que se encuentran en Kabul están preparando su obligado retorno“, pues no está claro que puedan ejercer su labor bajo el nuevo gobierno. Ya ahora no podían evangelizar ni mostrar su identidad en la calle, pero sí ejercer obras de caridad y atención a los más necesitados, por las que eran socialmente respetados.

Caritas Italiana está presente en Afganistán desde 1990, años antes de la primera llegada al poder de los talibanes, en 1996. Y algunas religiosas pudieron seguir desempeñando su labor en hospitales, llevando el burka, después de esa fecha. Pero ahora la situación es mucho más incierta,  y las imágenes de las calles de Kabul con cadáveres de asesinatos selectivos auguran una etapa intensa de terror.

Culto y desarrollo

Los orígenes de la presencia cristiana en Afganistán se remontan a los primeros siglos de cristianismo, pero fue barrida por el Imperio Otomano. Sin embargo, según recuerda Aciprensa, cuando Italia en 1919 fue la primera nación en reconocer la independencia del país, el nuevo gobierno preguntó qué podía ofrecer a cambio. Italia no pidió favores comerciales o privilegios particulares, sino la posibilidad de construir un lugar de culto, ampliando de hecho la libertad religiosa.

La capilla está confiada a la misión de Afganistán, liderada por los padres barnabitas, que están en el país desde 1934. En 1992, tras el final de la dominación soviética, los barnabitas presentaron un proyecto para construir una iglesia, pero no prosperó a causa de la guerra civil y de la posterior toma del poder de los talibanes. En 2002 llegaron también los jesuitas.

A principios del siglo XXI, tras la derrota del régimen talibán a manos de Estados Unidos, Caritas logró sostener “un amplio programa de ayuda de urgencia, rehabilitación y desarrollo, con la construcción de cuatro escuelas en el valle del Ghor, el regreso de 483 familias de refugiados al valle del Panshir y con la construcción de 100 alojamientos tradicionales para las familias más pobres y la asistencia a las personas con discapacidad”.

La posibilidad de que las organizaciones católicas encuentren un modo de seguir trabajando en Afganistán está aún por ver, y dependerá de las negociaciones con el nuevo poder talibán o de la mediación de otros países, en particular Rusia. Por el momento, la embajada italiana ha sido evacuada y solo quedan los misioneros, que no quieren irse, pero que ven materializarse el riesgo cierto de que la exigua presencia católica, que siempre ha podido mantenerse, desaparezca del todo esta vez.