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Los padres como ejemplo de los hábitos alimenticios de los niños

Los padres influyen en sus hijos de muchas maneras y son un modelo a seguir, especialmente para los más pequeños. Esto vale también en cuestiones como la alimentación. Cada vez.


Los niños deberían probar ya en los dos primeros años de vida una gran diversidad de sabores

Los padres influyen en sus hijos de muchas maneras y son un modelo a seguir, especialmente para los más pequeños. Esto vale también en cuestiones como la alimentación.

Cada vez hay más indicios de que el comportamiento alimentario de las personas está fuertemente influido por la imitación, sobre todo en las edades más tempranas de la niñez.

Los niños imitan a los padres

A los tres o cuatro meses, el niño empieza a ver con los dos ojos y a tomar consciencia de su entorno. Por eso, esta es la fase en la que los niños comienzan a imitar a sus padres.

Si el niño observa que la madre y el padre comen verduras y frutas, la probabilidad de que más tarde haga lo mismo es muy alta. Sin embargo, los niños también imitan las costumbres alimenticias negativas.

Por otra parte, se cree que el comportamiento alimentario de las personas se aprende aún antes, en el vientre materno. Esto se debe a que lo que come la madre llega al bebé en forma de líquido amniótico.

Por eso, muchos especialistas creen que tiene sentido que las mujeres embarazadas acostumbren a sus hijos desde temprano a los alimentos y aromas sanos.

Pero no todo depende de la madre. Padre y madre deben comprometerse desde temprano con la alimentación de su hijo, y no recién cuando éste comienza a asistir al jardín de infancia.

No usar la comida para tranquilizar o consolar

Nunca se debería calmar a un niño que llora con comida, ya que puede llevar a que desarrolle el hábito de comer por frustración.  Una situación típica es esta: una mamá le da a su hijo de un año que llora un trozo de chocolate. De esta forma, logra a corto plazo que se calme. ¿Pero qué se puede esperar a largo plazo?

Con esta acción, la madre enseña a su hijo a relacionar las situaciones de estrés con lo dulce, por lo que, más adelante, el niño probablemente copiará este esquema.

Está claro que esto no significa que los padres ya no puedan dar nada dulce a los niños. Pero no deben usar los dulces como premio o consuelo. El camino intermedio sería no prohibir los dulces por completo, sino dar a los niños cada tanto pequeñas cantidades con las comidas.

Ofrecer distintos alimentos 

Justamente en los primeros dos años es importante que los padres amplíen el gusto de sus hijos. Cuando los niños conocen ciertos alimentos sanos desde pequeños, la probabilidad de que más tarde les gusten y quieran comerlos es alta.

Por eso mismo no hay que tener miedo a servirles algunas verduras menos usuales como achicorias o berenjenas. También es importante que los padres no reemplacen las verduras por frutas.

Cuando el niño rechaza una verdura o fruta, muchas veces ayuda hacerla puré o mezclar pequeñas cantidades con la comida. Aunque al principio las rechacen, hay que seguir ofreciéndoles verduras y frutas. En algún momento, el niño supera la resistencia inicial y le terminan gustando.

Evitar el sobrepeso desde temprano

Algunas frutas, como las bananas y las uvas, son muy dulces. Por eso, es mejor que los padres den a los niños frutas con poca azúcar, como manzanas, ciruelas o fresas.

¿Qué más es importante? Sólo se debería comer en los horarios de comida -desayuno, almuerzo, merienda, cena- y no entre comidas. Muchas veces estos pequeños snacks que se van intercalando entre las ingestas son los que más calorías tienen y pueden llevar al sobrepeso.

Otro consejo para evitar el sobrepeso en los menores: servirles porciones poco abundantes. Si el niño no está satisfecho, siempre se le puede servir un poco más.