Hoy se recuerda a María, Madre de la Iglesia

El lunes siguiente a Pentecostés, que este año es 6 de junio, la Iglesia Católica celebra la memoria de “la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia”.  La Santa Sede.


El lunes siguiente a Pentecostés, que este año es 6 de junio, la Iglesia Católica celebra la memoria de “la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia”. 

La Santa Sede estableció esta memoria mediante decreto de la Congregación para el Culto Divino, publicado el 11 de febrero de 2018. 

Pentecostés, la Iglesia y la Madre de Dios   

Al establecer la memoria, el Papa Francisco “consideró atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”. 

La Congregación, por su parte, señala en el mencionado decreto que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”. 

“La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el texto. 

Una Iglesia que se renueva acompañada por la Madre 

En el siglo XX, el Papa San Pablo VI, dirigiéndose a los padres conciliares del Vaticano II, declaró que “María Santísima es Madre de la Iglesia”.

Dicha declaración no es fortuita; señala una convicción fundamental que debe enriquecer la experiencia de vida de cada cristiano La memoria “Virgen María, Madre de la Iglesia” recuerda, fundamentalmente, que ella es Madre de todo ser humano y, de manera especial, de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, en virtud de la Encarnación del Verbo en su seno virginal.

Así lo confirmó Jesús crucificado al apóstol San Juan, el discípulo la acogió como Madre. La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano, cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).