Francisco nos invita a caminar juntos

El 13 de marzo de 2013 quedará grabado en la memoria de millones de personas como un día de profunda emoción. Jorge Bergoglio se convertía en Francisco. Esa emoción dio.


Papa-Francisco

El 13 de marzo de 2013 quedará grabado en la memoria de millones de personas como un día de profunda emoción. Jorge Bergoglio se convertía en Francisco.

Esa emoción dio pronto paso a un ilusionante nuevo camino. Con Francisco, como con Benedicto XVI, Juan Pablo II, y cada Papa antes que él, los cristianos nos encontramos con un nuevo pastor que nos propuso un camino. Un camino que nunca acaba en ellos. Un camino que lleva a Dios mediante el amor a un prójimo que Francisco, desde el inicio de su pontificado, situó en la periferia. Por eso, para ir al encuentro de aquel en la periferia, Francisco propuso una Iglesia en salida, una Iglesia en movimiento.

Ese camino de Iglesia en salida se profundiza con Francisco como un camino sinodal. La palabra sínodo expresa desde tiempos remotos la idea de los miembros del pueblo de Dios caminando juntos. Francisco señala que la sinodalidad expresa la figura de Iglesia que brota del Evangelio y que hoy está llamada a encarnarse en la historia, en fidelidad a la Tradición. Francisco, en otras palabras, nos propone caminar juntos para cumplir con la misión de la Iglesia en los tiempos que nos tocan.

Francisco ha convocado varios sínodos de los Obispos. El último destinado a reflexionar sobre el Amazonía y los desafíos para la Evangelización y el cuidado de la casa común. Pero su propuesta sinodal va mucho más allá de estos sínodos. Francisco propone ese caminar juntos en todos los niveles. Si hemos de ser Iglesia, hemos de caminar juntos. Incluso como Iglesia en cada una de nuestras ciudades.

Somos muchos los obispos que hemos convocado, inspirados por su testimonio y ejemplo, sínodos diocesanos. Se trata de procesos que se inician, ante todo, con la escucha. Una escucha de Dios y de los gemidos del mundo que se hacen nuestros; del grito de la tierra y el grito de los pobres; la escucha de la realidad humana, que es a veces dolorosa y hasta trágica.

La escucha es la que nos permite caminar juntos, acompañarnos, comprendernos y sostenernos. El escuchar nos lleva al diálogo y a la apertura para que surja lo nuevo, siendo capaces así de cambiar la propia opinión a partir de lo que hemos escuchado de los demás.

Ese escuchar se convierte así en discernimiento, una escucha que atenta al Espíritu Santo ayuda a discernir lo que el Espíritu le dice hoy a la Iglesia, como leemos en el libro del Apocalipsis. Dice el Papa Francisco, «el discernimiento no es un eslogan publicitario, no es una técnica organizativa y ni siquiera una moda de este Pontificado, sino una actitud interior que tiene su raíz en un acto de fe. Se funda en la convicción de que Dios está actuando en la historia del mundo, en los acontecimientos de la vida, en las personas que encuentro y que me hablan» (Apertura del Sínodo de los jóvenes, 3-10-18).

Este tiempo, Francisco nos ha hecho caminar, caminar escuchando y valorando nuestras diferencias individuales, abriéndonos al compartir, discerniendo, sabiendo que no sólo es importante el destino sino el mismo caminar.

Jorge Vázquez, Obispo de Morón, Argentina