El valor de los abuelos

Por lo general los recuerdos de nuestra infancia están adornados de arrugas, pasos lentos y manos suaves. Mostrarnos a Dios es tan solo una de las bendiciones que nos regalan.


Por lo general los recuerdos de nuestra infancia están adornados de arrugas, pasos lentos y manos suaves. Mostrarnos a Dios es tan solo una de las bendiciones que nos regalan nuestros abuelos, llevarnos a Él y siempre dispuestos a servir, ayudar y educar. Siempre, movidos por el amor.

A pocos días de las festividades en honor a la Patrona de Chinandega, podemos recordar a dos grandes abuelos, San Joaquín y Santa Ana, vivo reflejo del amor.

En las Sagradas Escrituras, no se hace mención de los abuelos de Jesús, pero si sabemos de la tradición que ha sido transmitida por generaciones. San Joaquín y Santa Ana no podían tener hijos y eran el motivo de burla en su pueblo. Los esposos decidieron refugiarse en la oración; cuentan que San Joaquín se fue al desierto cuarenta días para ayunar y orar, mientras Santa Ana permanecía en casa desconsolada. Días más tarde un ángel se le apareció y le dijo:

Ana, el Señor ha escuchado tu oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se hablará en todo el mundo.

Además, la tradición dice que María fue hija única de un santo matrimonio, fue presentada al Templo desde muy corta edad y desde entonces estuvo consagrada a Dios.

Los santos Joaquín y Ana forman parte de esa larga cadena que ha transmitido la fe y el amor de Dios, en el calor de la familia, hasta María que acogió en su seno al Hijo de Dios y lo dio al mundo, nos los ha dado a nosotros. ¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe!

PAPA FRANCISCO, HOMILÍA 26 DE JULIO DE 2013

Los abuelos son segundos padres, juegan un papel importante en la formación, aportando toda su experiencia y amor, siendo muchas veces guardianas de la fe. Ellos hacen parte de nosotros, pues también son constructores de nuestra historia, somos la prolongación de su existencia.

El centro de nuestra identidad familiar son ellos, visitarlos para escuchar sus historias nos ayudará a construir recuerdos que nos marcarán para toda la vida.

Encomendémonos a los santos Joaquín y a la Patrona de los Chinandeganos, Santa Ana, para que nuestros ancianos nunca dejen de ser testimonio del amor de Dios y de su ternura en todos los hogares.

En nuestras penas Santa Ana, socorrednos piadosa.