El Poder y la Autoridad: reflexión de Fray Francisco Solorzano

Reflexión basada en el evangelio del domingo 31 de enero 2021 Santo evangelio según san Marcos (1,21-28):


Hoy se habla de una crisis de autoridad, cuando hablamos de nuestros políticos, de los gobernantes, de los profesores, de los padres de familia, de las autoridades de la Iglesia.

Decimos no hay autoridad en las institución, en la Iglesia, en la familia, nosotros en nuestro lenguaje ordinario, confundimos la autoridad con el poder, pero son dos cosas muy distintas, se puede tener mucho poder y sin autoridad alguna.

Yo creo que lo que hay ahora es mucho poder y poca autoridad, porque queremos imponer las cosas a la fuerza en la familia, en la escuela, en las instituciones.

Todos siempre tenemos en la mano un látigo, y ese látigo siempre va acompañado de violencia física, verbal o psicológica, todos quisiéramos tener metidos en un puño a los demás, en un cerco a los demás.

Entonces ese poder como decía Jesús a sus discípulos, ese poder fácilmente pierde, como dice en Marcos capítulo 10 los jefes de las naciones son temidos, son temidos por su poder.

En una sociedad cristiana no debería suceder esto, a todos nos falta autoridad, la autoridad convence, sin sermones, sin gritos, sin amenazas, sin violencia, esa es la gran diferencia, sin opresión.

El poder no, el poder puede ir acompañado, de violencia, imposiciones, de gritos, leyes, señalamientos, opresiones. La autoridad va sin esos elementos.

Es hermoso ver la autoridad de un padre, de una madre, con solo la mirada, y sabemos que no debemos hacer tal cosa.

Ese es el problema de una familia, de un matrimonio, de un gobierno, la falta de autoridad. La autoridad convencen con el proceder de la vida.

Ese matrimonio lo ven sus hijos maravilloso, entonces convence a sus hijos que su vida debe ser una vida recta, como la ven en sus padres, convence que el hijo no debe tomar, porque el padre no lo hace.

La autoridad siempre es creible, yo creo en esa persona porque tiene autoridad.

Creyeron en Jesús porque tenía autoridad, porque hablaba con autoridad, y los que tenían el poder no creían en Jesús, hablaba sin dobles, no como los fariseos y publicanos.

La autoridad es creíble porque la palabra va acompañada de la vida, la autoridad es el fruto de la coherencia entre el hablar y el actuar.

Hoy existe una gran crisis de autoridad en el mundo, por eso surgen tanto el poder de aplastar, de anular, de mentir, por ejemplo los políticos, tienen poder, pero no autoridad, porque no son creíbles, y ese es el problema, los mismos padres muchas veces no convencen a sus hijos, porque el actuar es diferente a lo que hablan.

Los padres pueden tener mucho poder para hablar, pero no autoridad, y es el problema de un fracaso de la realización de los hijos, los mismos hijos no terminan de convencerse por muchos gritos, golpes.

Es que le falto a aquel sacerdote fuerza moral, o a aquel miembro de la comunidad, le falto autoridad moral, tienen el poder para gritar, mandar, pero muchas veces estamos llenos de mentiras, muchas falsedades, y eso hace imposible que los hijos confien en sus padres.

En la escuela no les van enseñar eso de valores, paso el tiempo de esas enseñanzas, el mundo necesita valores para transformar este mundo.

Vamos a transformar la familia, lo mismo ocurre con nosotros los sacerdotes, si no tenemos esa autoridad moral, no vamos a convencer el evangelio que predicamos, y eso es lo que nos duele, que fallamos como humanos que somos.

Por eso es tan importante esa palabra que hoy leemos en Marcos capítulo 2 del versículo del 13 al 17, es tan importante, por eso el señor nos dice que la palabra es como una espada de doble filo, del lado que la tomemos nos corta.

Jesús se gano su autoridad a pulso como decimos en Nicaragua, porque enseñaba como quién tiene autoridad, no como los escribas, que tenian poder, grito y falsedad.

Las palabras de Jesús siempre iban de acuerdo con su vida, no como los fariseos que decían y no hacían,

Este es el gran reto que nos presenta el evangelio de hoy, no es con poder que vamos a convencer de la buena noticia al estilo protestante, acepta a Jesús cuando estas moribundo en un hospital, eso no fue Jesús.

A este nuestro mundo vamos con autoridad, la coherencia de nuestras palabras con nuestra conducta, nuestra moral, nuestras virtudes, tu carácter que te va ayudar ser recto, claro y sincero para que siempre encontremos en nosostros como dar respuesta a nuestros propios hijos en nuestros hogares.