Chinandega

Corinto y su maravilla pesquera

En Corinto, en el barrio Los Pescadores,  es donde se advierte el mayor movimiento en la pesca artesanal, generalmente el zarpe en las coloridas lanchas siempre se realiza al atardecer para realizar la faena en horario nocturno, “Con la luna llena es mejor” suelen expresar los pescadores.

La  faena es de doce horas para traer consigo pargos, anguilas, rucos, corvinas, guacamayos, guichos y el pez cola amarilla. Los camarones llegan con la pesca industrial.

Hombres y mujeres cargan los artes de pesca para la faena, las mujeres rumbo a la costa son conocidas como “Las pelicanas”, que empujan los carretones y quienes están preparadas con hielo y termos además de afilados cuchillos para limpiar la carga extraída. Hasta hoy es inexplicable que en el barrio Los Pescadores se advierte siempre, aquellas viviendas maltrechas y calles polvorientas, desvencijados rótulos con falta de ortografía.  En este lugar a quienes se observa en un mejor ambiente económico, es a los acopiadores; dueños de lanchas, aperos, pesas, y cajeros.

En Costa Azul, la vecindad al sur del barrio Los Pescadores, los turistas suelen admirar las lanchas que con los pescadores atracan con el motor fuera de borda, los trasmallos, la batería, focos y el termo cargado.

La pesca con explosivos ha provocado la escasez de especies  cerca de la costa, se planea proyectos de piscicultura o crianza a partir de los alevines, para la producción de pargos lunarejos.

Mientras el pescador en Corinto desarrolla su labor entre el intenso oleaje con el peligro de un vuelco en altamar o le estalle una de las bombas de mecha lenta, que  destruye y contamina los bancos de pesca, en la sartén de la cocina de los restaurantes del país se doran en las cocinas, los deliciosos pescaditos criollos y los camarones empanizados.

Rubén Darío, nuestro poeta universal  se inspiró en la abundancia de la maravilla en Corinto. Ahí en 1908 escribió:

“Vesperal”.

Ha pasado la siesta
y la hora del Poniente se avecina,
y hay ya frescor en esta
costa que el sol del Trópico calcina.
Hay un suave alentar de aura marina
y el Occidente finge una floresta
que una llama de púrpura ilumina.

Sobre la arena dejan los cangrejos
la ilegible escritura de sus huellas.
Conchas color de rosa y de reflejos
áureos, caracolillos y fragmentos de estrellas
de mar forman alfombra
sonante al paso en la armoniosa orilla.
Y cuando Venus brilla,
dulce, imperial amor de la divina tarde,
creo que en la onda suena
o son de lira, o canto de sirena.
Y en mi alma otro lucero, como el de Venus, arde.

Comentarios
Ir Arriba
A %d blogueros les gusta esto: