Chinandega

Chinandega y el COVID-19: salvar la vida; cuidar los negocios

Después de los estragos que el coronavirus causó en Chinandega, la vida y el comercio retoman su ritmo con temor a un rebrote


Todos en Chinandega esperan que los días de terror hayan quedado atrás, y tratan de convencerse a sí mismos de que la temida segunda ola quizás no llegue nunca, pero el médico Néstor Gómez, que no solo conoce al virus SARS-CoV-2, causante del COVID-19, porque lo ha visto en los rostros sufrientes de sus pacientes, sino porque él mismo lo tuvo alojado en su sistema respiratorio, no es tan optimista.

“El COVID-19 se ha mantenido. Algunos no hacen caso de protegerse y proteger a los demás para evitar que se siga propagando”, en especial los jóvenes, que se convierten en reservorios del virus, y lo esparcen por todas partes, incluyendo sus casas. Por eso, aunque ve “una disminución en el número de casos”, (llegó a atender 3 a 4 pacientes con COVID-19 al día en los peores momentos de la epidemia, aunque solo ha visto a dos en un mes) para él es evidente que “el rebrote está latente”.

Lo peor es que, si la primera ola afectó primordialmente a personas mayores, esta podría afectar a los más tiernos; aquellos menores de edad cuyos sistemas inmunológicos están en desarrollo, por lo que aún no pueden defenderse de una invasión vírica. Conscientes de que un rebrote podría volver a poner a la ciudad de rodillas, los empresarios saben que solo pueden echar para adelante, escuchando a la ciencia.

El comercio (de alimentos, medicinas, e implementos de limpieza) fue uno de los pocos, sino el único, de los rubros económicos que mantuvo cierto grado de dinamismo, en una ciudad que, aunque rodeada de extensas zonas cultivadas con caña y maní, sigue apostando a la compraventa de bienes y productos para generar empleos y movimiento de efectivo.

Chinandega es una plaza comercial que recibe mercadería desde el triángulo norte de Centroamérica, (principalmente de El Salvador y Guatemala, aunque también desde Honduras), y de China, la que entra a través del puerto de Corinto”, asegura el empresario turístico Arturo Cano. Eso hace que muchos viajen a esta ciudad desde muchos lugares del país para surtir sus tiendas y por eso, la reducción de más del 50% de gente circulando en las calles, se manifestó con fuerza en los negocios de la ciudad.

El turismo es, precisamente, uno de los rubros que más ha sufrido. Antes de marzo, las extensas costas chinandeganas recibían a vacacionistas y surfistas que disfrutaban de las playas, aunque también había quien se aventurara a recorrer senderos volcánicos o boscosos, o a perderse en la magnificencia colonial de la ciudad de León. Pero al llegar la Semana Santa todos se habían ido, especialmente los salvadoreños y guatemaltecos que llegan en grupos a disfrutar de la hospitalidad local.

Mientras la vida trata de imponer una nueva normalidad, los hoteles de playa (y los de ciudad que no cerraron definitivamente) van abriendo de forma paulatina, atendidos por sus propios dueños, que esperan el retorno del turismo para recontratar a parte del personal que tuvieron que despedir.

Con colaboración de Divergentes