812 años de la Orden Franciscana en el Mundo

Hace más de 800 años en la ciudad de Asís, un joven llamado Francisco, escuchó un comentario al Evangelio sobre cómo los discípulos de Jesús fueron enviados “sin plata ni oro”.


Hace más de 812 años en la ciudad de Asís, un joven llamado Francisco, escuchó un comentario al Evangelio sobre cómo los discípulos de Jesús fueron enviados “sin plata ni oro”.

Este pasaje del Evangelio de san Mateo hizo tal impresión en Francisco que decidió dedicar su vida totalmente a vivir pobremente, como los apóstoles. Se vistió con ropas ásperas, caminó descalzo y “sin mochila para el viaje, y sin bordón” y comenzó a predicar el arrepentimiento. También escuchó el mensaje de renovación del hermoso crucifijo de la iglesia abandonada de San Damián: ”Francisco: ve y repara mi Iglesia”.

Rápidamente otros compañeros se unieron a Francisco, además de la joven Clara. Todos ellos se dedicaron al cuidado de los leprosos que eran forzados a vivir fuera de la ciudad de Asís, y reparaban iglesias en ruinas. Su vida era extremadamente austera, vivían con gozo en un profundo espíritu de servicio a los pobres y a los que viven en periferias, y con confianza en el cuidado providencial de Dios…

San Francisco enseñó acerca del extraordinario amor de Dios aún por la más pequeña de sus criaturas, y habló de la maravillosa humildad de Dios que eligió nacer en la pobreza en Belén y que cada día se humilla para estar verdaderamente presente bajo la apariencia de un pedazo de pan en el altar.

En 1209, el primer grupo de frailes fue a pie de Asís a Roma y, en un extraordinario ejemplo de la obra del Espíritu Santo, el grupo de escuálidos hermanos fue recibido por el Papa Inocencio III, quien aprobó su modo de vida.

El número de frailes y hermanas aumentó rápidamente, extendiéndose desde la pequeña iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, la Porciúncula, y ya en el período de vida de San Francisco, los frailes se habían establecido en toda Europa. Durante esos primeros días, los primeros mártires de la Orden fueron asesinados en Marruecos, y Francisco se alegró de tener hermanos que habían dado su vida por Cristo.

Francisco mismo fue a Tierra Santa durante las Cruzadas, donde tuvo el respetuoso encuentro con Sultán y a quien le habló sobre asuntos espirituales.

Posteriormente, Francisco recibió los Estigmas en el Monte Alvernia, signos externos de su vida de intensa oración y devoción a la Pasión del Señor y confirmación de su seguimiento en las huellas de Cristo. A pesar de graves enfermedades, aún cantaba el Cántico del Hermano Sol en la alabanza de Dios y de la Creación, hasta cuando la Hermana Muerte vino a visitarlo en 1226.