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Tule y palma, cultivos naturales convertidos en artesanía

DERECHOS: EL NUEVO DIARIO/ESPECIALES

El petate es la cubierta de camas que utilizaron nuestros indios chorotegas y xicaques del norte de Nicaragua, cuyo uso persistió por mucho tiempo en el campesinado, pero que en las últimas tres décadas ha sido sustituido gradualmente por el colchón de algodón o por la esponja sintética.

Este tejido es un producto artesanal casi exclusivo de las campesinas de Totogalpa y Mozonte, que lo elaboran con la piel de una planta filamentosa, comúnmente llamada “tule”, la cual crece naturalmente en humedales o riberas de los ríos. El flexible centro de la planta sirve para amarres de nacatamales y para fabricar aparejos que usan en las bestias de carga.

Doña Flor de María López Bautista, tejedora de este material, dijo que este tipo de artesanía provee trabajo permanente a 12 mujeres de la comarca Santo Domingo, jurisdicción de este municipio. Ella aprendió el arte de sus abuelos y padres, como parte de la sucesión cultural de los antepasados indígenas.

Arte indígena
Lamenta que las jóvenes de ahora declinen dedicarse al tejido de petates.

“Ellas dicen que eso es para las personas que no saben un oficio o no saben leer y escribir, y olvidan que se trata de un arte que tenemos que conservar”, comentó, mientras ofrecía el producto en la Feria Indígena “Rescate de Nuestras Identidades Culturales, realizada el lunes último en la cabecera municipal.

El petate se ha vuelto un souvenir para turistas, y las mujeres de Santo Domingo ya han abierto un mercado en la Isla de Ometepe y otros sitios turísticos del país, donde esperan tener una exclusiva clientela.

Aseguró que recientemente han cumplido un pedido de mil lienzos para tapetes de mesas y adornos; en la actualidad están por cumplir otro de 300, además de otros encargos para diciembre, a un costo de 50 córdobas cada uno.

Las mujeres continúan ofertando el petate para camas individuales y matrimoniales, porque hay personas que lo utilizan por su frescura. Dice que sirve también para alfombras, mamparas y como lienzos donde un pintor puede plasmar su imaginación.

Empresitas permanentes
Don Heriberto Pérez Vargas es otro artesano totogalpino con una empresa familiar dedicada a la fabricación de petates y sombreros de palma, situada en la comarca Cayantú. “Trabaja mi esposa, 5 hijos, tres yernos y dos nueras, además, de vecinos, en total 20 personas que se dedican a tejer sombreros, canastitas y petates”. De la palma elaboran, además de sombreros, escobas, alfombras y petatillos para adornos.

El material de palmeras se la compra a vecinos de otras comarcas, donde la planta se regenera en las hondonadas de la montaña. Afirma que la artesanía le sostiene económicamente, incluso para financiarse el cultivo de granos básicos y cría de ganado.

“Prácticamente vivimos de esto. Ellos (los empleados) compran productos básicos que no producen, y de esa manera ya no venden el frijol, el maíz o sorgo que cultivan, todo queda para el consumo de la familia”, explicó.

“Yo lo que hago es venir a vender aquí (a la feria), y ando pensando en no gastar todo el dinero para llevarle a los que están trabajando allá, o a veces, me dicen ‘tráigame café, azúcar, aceite, arroz’, que es lo que no cosechamos”, relató.

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