Personajes

Margarita esta linda la mar…

Margarita

En la Isla “El Cardón”, Corinto, la tarde del 20 de marzo  de 1908 el verso que no recitó como le prometió pero si el cuento que le pidió la niñita de 8 años, Margarita Debayle Sacasa, a Rubén Darío, el poeta máximo del verso castellano. Fue para la posteridad.

Recordaba Margarita  a sus 75 años, en el año de 1976, que Rubén era de buena estatura y agradable presencia, Simpático. Con un cutis blanco y pálido. “Recuerdo bien sus manos finas y bien cuidadas. Siempre nos contaba cuentos. Una tarde cuando el sol estaba por ocultarse, me tomó de la mano y me llevó a la orilla del mar.  “Cuéntame un cuento”, le supliqué. Pero el muy serio se sentó en una roca y me anunció que iba a recitarme un verso. “No, un cuento, insistí y así fue cuando las primeras estrellas empezaban a divisarse en el cielo, Darío comenzó a recitarme mi cuento, él estaba como iluminado y yo sentada en la arena escuchaba embobada. ¡Nunca pensé que aquello me haría famosa!”, decía la dulce señora, conversadora, alegre, que ejecutaba el piano en la residencia de Los Pallais en Villa Subtiava, a orillas de la carretera Sur en Managua. Ella, que se educó en Filadelfia, estuvo casada con Luis Pallais, fue madre de tres hijos.

Recordaba que su padre Luis H. Debayle al que llamaban “El Sabio Debayle” fue discípulo medico de Luis Pasteur en Francia, de allá trajo las últimas técnicas y métodos.

El doctor era íntimo amigo de Darío y tenían además en común la poesía, lo había invitado a la isla El Cardón para que descansara y ahí Darío también le hizo unos versos al médico.  “En el renacimiento italiano yo vi alguien que me quería y que era igual a ti. Tenía tu mirada, tu palabra, tu gesto y tu don de encantar”

También hay un segundo poema que se lo dedicó: ¡Ay hermano soberano, que te vas por todas partes, de las ciencias y las artes, el corazón en la mano!

Margarita relataba que Darío, era muy enamorado ¿sabe?, incorregible.

Contaba que cuando ella salía fuera del país le resultaba embarazoso, una vez invitada por el general Franco, palpó la veneración que se sentía por Darío.

En España, acompañada de tres nietas o pudo pagar la cuenta de un hotel, luego escaparon  a la costa brava para disfrutar de la arena y ahí tampoco pudo cancelar por un servicio solicitado. Las razones que le dieron es “Usted fue la musa pequeña de Darío”.

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