Sucesos

Injusta realidad de una criatura

Nina llorando

Es difícil. Los niños vendedores en las calles chinandeganas poco a poco y temerosos al inicio se afianzan en sus labores, no así criaturas que sufren la tragedia de ser amenazadas si no realizan lo que sus padres les suministran.

Una niña de siete años clamaba desesperada a las 11: 40 de la mañana de este domingo después que su progenitora abordó la unidad de transporte interurbana que se dirigía al mayoreo “El Bisne” y la olvidó quizás a propósito en la esquina del antiguo Banic.

La pequeña conocida como “Rosita”, sostenía una bolsa de galletas que precisamente su mama le ordena vender a cinco córdobas cada paquete.

Comerciantes, transeúntes y triciclistas trataban de controlar a la niña, pero esta lloraba y pretendía correr desesperada llamando a su madre; un vehículo casi la embiste. La llamada a los bomberos no se hizo esperar pero estos indicaron que debían llevársela al cuartel.

Ante eso una de las mujeres hizo la llamada telefónica a uno de los ayudantes de las busetas quienes se comprometieron llegar para avisar a sus familiares y pidieron salvaguardar a la pequeña.

Estos indicaron que supuestamente la madre habitante del reparto Santa Patricia, de la periferia noroeste de la ciudad, las castiga si no venden lo que les entrega, en una injusta realidad que hizo pensar a los presentes.

Los comerciantes y quienes reparaban en la desesperación de la criatura con sus zapatos raidos indicaron que las autoridades deben investigar el caso de la menor de edad y conocer si recibe maltrato y si asiste a la escuela.

Padre detenido

Los curiosos comentaban que la niñita es menor de otras tres hermanitas y un varoncito, quienes viven un calvario por la pobreza extrema.

Confirmaron que la mayor es una adolescente de 14 años. El padre cumple condena en el penal chinandegano por un delito de índole sexual.

“Son 4 hijas las que tiene y las manda a vender a la calle galletas, meneítos y agua helada, ella (la mama) se mantiene en el mercado del Bisne”, refirió el triciclista Julio Mendoza.

Una de las vendedoras se acercó y dijo que la progenitora era conocida como Valeria R. L, una mujer muy colérica.

Por su parte William Wilfredo Pineda, se sorprendió de la desesperación de la menor que corría en busca de su madre pero que fue rescatada ágilmente por una transeúnte entre el intenso tráfico vehicular.

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