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De tal país, tal Selección

EL NUEVO DIARIO

La lógica es implacable. Usualmente, no da margen a discusiones inútiles. Es improbable, que un país como el nuestro, inmerso en tantas dificultades, sobreviviendo entre la espada y la pared con el cuello apretado, produzca una gran Selección de beisbol. Sin embargo, siempre nos hemos imaginado eso, porque la poderosa imaginación, es la loca de la casa.

Nos quejamos que los peloteros nicaragüenses no son capaces de registrar resultados favorables y les exigimos actuaciones descollantes que raras veces se han conseguido a lo largo de un siglo de estar intentándolo, ignorando el crecimiento de los factores adversos y nuestro terrible debilitamiento como país.

Entiendo, no queremos ser como somos, pero sí lo somos, y ellos, igual que nosotros, son producto de este debilitamiento próximo a lo alarmante. No hay plan, es cierto, pero que plan es viable entre un campo minado de limitaciones extremas, cuando ni siquiera se puede pagar un seguro para conseguir el aporte de uno o dos de los pocos peloteros que tenemos en las Ligas Menores, y los que viajaron sin fogueo, han salido de una liga de beisbol pequeño como lo es el Pomares, más recreativa que competitiva.

El mismo lugar que tiene la Selección en la tabla de posiciones, es el que tiene la eficacia de nuestro sistema de salud, el nivel de la educación pública que tanto se ha deteriorado, el salario mínimo de una clase trabajadora distante de alcanzar la canasta básica, la drástica reducción de una clase media integrada por profesionales financieramente imposibilitados de continuar con su desarrollo, y las consideraciones son las mismas con el resto de indicadores que se nos ocurra.

En el inicio de los 70, Carlos García tomó las riendas de nuestro beisbol y elaboró un plan con el experimentado y competente Tony Castaño al frente. Concentró el esfuerzo en un grupo de peloteros, asegurando el apoyo de la mayor inversión que por aquí hemos visto en el beisbol, incluyendo el fogueo necesario. Fue así como en otro nivel de competencia, muy diferente al actual, salimos del hoyo, y atravesando por “la puesta de la primera piedra” en aquel 1970, pasando con un 1971 con la participación en el Torneo de La Amistad, los Juegos Panamericanos de Cali y el Mundial de Cuba, crecimos hasta llegar al Mundial del 72, después de haber fracasado en el Torneo de República Dominicana un par de meses antes.

Carlos tuvo aliento y soporte, para darle forma y fondo a los Estadios de Masaya y León, concluir los de Granada y Chinandega, y restaurar -como se hizo con la última cena de Leonardo- el Estadio Nacional construido por el fundador del somozato en 1948. Ojo, los indicadores del país, en muchos sectores, eran otros.

Hoy, el paralelogramo de las fuerzas se ha transformado bruscamente y los retos tienen otros tamaños. No disponemos de las condiciones para estructurar un equipo del calibre que se necesita para ir contra rivales poblados de peloteros Doble y Triple A, que nos dejan en kinder.

¿Podemos producir una gran selección? No es posible. De tal país, solo puede salir esa Selección que tenemos. ¿Cuántos de nosotros en lo que hacemos, somos mejores o podríamos rankear frente a ese tipo de exigencias? Muy pocos. De no ser así, este sería otro país. La lógica es implacable. Lamentablemente.

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