Cuaresma día 9: “Quien pide, recibe”

Evangelio: Mateo 7,7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas”.

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Reflexión:

Hemos escuchado en la primera lectura esta hermosa oración de la Reina Ester. Ante el peligro tan grande que es amenazado todo su pueblo, ella se vuelca a Dios. Ella ha quedado expuesta al peligro máximo, ya no tiene defensor y recurre a Dios y emplea por dos veces un argumento que es realmente maravilloso, le dice: “No tengo otro defensor más que tú. Ya no tengo otro auxilio, Señor”.

En definitiva lo que le está diciendo a Dios es: “Señor, si tú me fallas, a mí ya no me queda nada porque todo cuanto tenía lo he apostado por ti”. Su única seguridad estaba puesta en Dios.

¿Cuál es nuestra actitud en cambio cuando pedimos? ¿Hemos puesto también toda nuestra confianza en el Señor? Porque muchas veces pedimos, pero con desconfianza, pedimos pero en realidad sin creerle a Dios, pedimos y en seguida nos convertimos en fiscalizadores de Dios, que se cumpla tal cual lo que queremos.

Es que esa es la actitud del soberbio, que pide con aparente humildad, pero no tolera que las cosas vayan a salir distinto a como él lo ha planeado. Porque a veces pensamos así, sobre todo cuando Dios no nos concede las cosas a la manera que nosotros queríamos.

Nos ponemos en la posición de pensar que si nosotros fuéramos Dios, hubiéramos hecho las cosas mejor que Él. Miremos cómo pide Esther. Ella no pide simplemente como en una confianza mágica, que Dios le quite los problemas de encima, pide más bien que Dios la guíe en sus acciones, cómo hacer para poder lucharla mejor, para poder salvar a su pueblo que está en peligro.

Es decir, lo que pide son las fuerzas para vivir a plenitud su vocación, para entregarlo todo en su llamado por más adversidades que se presenten. Lo que ella pide es la fuerza para vivir el amor, el resto ya lo pone en las manos de Dios.

Recemos así nosotros también, pidamos con esa confianza a Jesús que siempre nos oye y sabe darnos lo que más nos conviene.

“Pidan y se les dará”, nos dice el Evangelio, porque el verdadero poder de la oración, no es sólo que obtengamos cosas buenas, sino sobre todo que seamos buenos. Y ese bien Dios siempre nos los da, Dios siempre se da a sí mismo, nunca nos deja con las manos vacías.

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