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Barriles y latas, herencia maldita

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Cargados de químicos contaminaron campos chinandeganos
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Los latones que se observan con sarro y derruidos en varios cercos de patios chinandeganos, en los carretones de caballos, de plataformas en automotores, como recipientes para guardar agua son un recuerdo amargo de los millones de barriles con insecticidas y pesticidas que se aplicaron en décadas anteriores.

Según análisis médicos e investigaciones de universidades el veneno aplicado provocó trágicas consecuencias que muchos chinandeganos sufren en este momento.

Los barriles cargados de los insecticidas color café oscuro surgían en los años sesenta, setenta y ochenta desde las industrias agroquímicas en la periferia de la ciudad.

Roberto Carrión, que laboró en el tema de la mota blanca y cañaverales dijo que al desocuparse los barriles de 55 galones, el que lo conseguía lo re-lavaba para extraer el último residuo de insecticida, luego lo  restregaba con detergentes o agua caliente para utilizarlo en labores domésticas.

“Eran unos 300 barriles los que se descargaban a diario en la época fuerte algodonera”, mencionó Carrión.

Los barriles partidos con sierras eran un material perfecto en los talleres de soldadura para plataformas en los automores y cortados por la mitad como medio barril colocados en los fogones para hervir los nacatamales.

En el campo y aun se divisan como camastros de los carretones de caballos, para conformar portones y como latones al estilo comal para cocer las tortillas.

En el año 2011 fueron invadidos por precaristas los terrenos de la antigua Bayer Químicas Unidas S. A, la más fuerte industria que abastecía las haciendas algodoneras y el aeropuerto El Picacho al norte de la ciudad.

En los patios de la antigua Bayer, a orillas de la carretera hacia Corinto, los precaristas encontraron decenas de recipientes plásticos y barriles amontonados en las bodegas. Esos terrenos dijeron autoridades se encuentran saturados de químicos.

En la pista del aeropuerto El Picacho por su parte cada cinco minutos despegaba una aeronave cargado con el veneno para aplicarlo a los gusanos cogolleros, spodoptera o el picudo en los extensos sembradíos.

Manuel Anastasio Real Espinales, estudioso en la ciudad del Viejo de las afectaciones indicó que los pesticidas e insecticidas dejaron secuelas mortales, las muertes violentas en carreteras y ciudades, las enfermedades crónicas, terminales, virales y la creatinina.

EN MEDIO DE LOS QUIMICOS

El doctor William Rivas Castillo, recordó las decenas de barriles que arribaban cargados de insecticidas, aplicados a los algodonales de las haciendas viejanas del Bálsamo y El Carmen en el municipio del Viejo.

“Los barriles eran apetecidos y la gente los llevaba. Recuerdo que allá a finales de los años sesenta por las noches presentaban películas en el patio y nos sentábamos en las pistas con cemento donde temprano eran charcos del insecticida blancuzco que cargaban las avionetas”, relató el médico.

Justino Rojas, originario de la Comarca San Benito N. 1 recordó que adolescente cortó algodón y luego fue controlador del gusano Picudo en una empresa agrícola en la que recibía los barriles, convertidos en latas que ahora se ven en los cercos y portones.

Los barriles cargaban pesticidas como el toxafeno, methil parathion, tamaron, de la lista roja contaminantes que distribuían las industrias, Expasa Química, Bayer y Stauffer.

CONTAMINADOS VARONES, MUJERES E HIJOS

El comunicador Benjamín Chávez, sostiene que los afectados directos de los químicos prohibidos superan los 5.000 varones en este momento, pero hay indirectos como las mujeres que lavaban la ropa, herencia maldita que les afectara  hasta la quinta generación.

Chávez que labora con victimas del pesticida Nemagon- Fumazone, indica que las consecuencias del uso de esos venenos fueron catastróficas, debido a que intoxicó a todo occidente.

El ministerio de salud determinó hace más de una década los trazos del DDT en la leche materna.

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